miércoles, 28 de mayo de 2008

A mayor educación, menos xenofobia?

Es una pregunta que me viene dando vueltas a la cabeza… Uno suele escuchar declaraciones xenofóbicas casi a diario, y no se le presta mucha atención pensando “lo dice por ignorancia” (personalmente, no suelo quedarme muy calladita que digamos, pero es tema mío: me enojo con facilidad) , y entramos en una especie de razonamiento optimista que nos hace pensar que luego de educarse, el sujeto, deja de tener ese prejuicio. Pero estoy empezando a dudarlo. Ése tipo de discriminación no es excluyente de las clases sociales con menos alcance a la educación. Mirando un poco “la casa de los de enfrente” veremos que en un país del primer mundo, con una educación de alto nivel, y con buen nivel de vida, como lo es Italia, está teniendo brote xenofóbicos, dentro de las clases media y alta de su rica sociedad. Esa segregación es tolerada y hay riesgo en que se conviertan en mayoría… Una mayoría realmente peligrosa (después de todo, Hitler fue apoyado por mayorías… qué miedo me dan las mayorías!). Y acá, en Argentina, no estamos ajenos a ese tipo de comportamiento: Basta con tomarse un taxi en la capital!

9 comentarios:

Ulises dijo...

Yo creo que la educación que uno reciba sí es un factor decisivo. Lo que se podría decir, es que recibir una "buena educación", evidentemente no se lo puede relacionar con ir a un colegio de cierto prestigio, al que en su mayoría tienen acceso las clases medio-altas y altas.
La educación más importante, es la que recibís de tu entorno. Si desde chico convivís en un ambiente de integración, en donde no se discrimina a alguien por su origen, por su sexualidad, por su religión, por su capacidad, etc, finalmente vas a ser una persona abierta y tolerante, sin esos prejuicios que en general llevan a discriminar.
En las vacaciones un tipo me contó algo interesantísimo: mandó a su hijo, los 3 años que dura el jardín de infantes, a un colegio especial, es decir, en donde reciben en su mayoría a pibes con síndrome de down.
Fijate la cabeza de ese tipo ! Qué amplitud. En un primer momento me fue difícil de entender, pero después me contó un par de cosas y se hacía evidente que el hijo creció re abierto, flexible, se adaptaba a miles de situaciones con facilidad, ya desde los 3 años había visto y convivido con "lo diferente".
Bueno, me disculpo por la extensión pero tenía ganas de comentarlo.
Saludos.

Náufrago Nocturno dijo...

Creo que este tema me excede aunque me preocupa mucho. Tal vez la naturaleza humana sea mucho más compleja de lo que hasta hoy pensabamos. Hay cuestiones que evidentemente no modifica la educación, creo que los que tenemos hijos lo vemos dia a dia.
Ah, Laura, te felicito por los dibujos, están fantásticos.
Saludos
Osvaldo

LauraGalletita dijo...

Ulises:
Estoy de acuerdo con vos en que un entorno “amigable” con lo “diferente” propicia un mejor desarrollo del individuo. De acuerdo con que la educación “formal” en sí misma con es constitutiva de la tolerancia. Peeeeeero he visto que, mas en los adolescentes, se guían por su entorno: Si los amigos, o grupete con los que andan, son intolerantes, los chicos “diluyen” un poco lo aprendido y experimentado “en casa”, y empiezan a manifestar cierto rechazo por lo diferente por no desentonar con su “gang”. Lo he visto, como docente que soy. Y yo misma he sido educada en un entorno amigable, y tenido amigos del grupo cuyos padres eran personas muy abiertas, sin embargo, sus hijos son seres HIPER CERRADOS…
Por lo del señor que conociste en las vacaciones, creo que el tipo ese arriesgó demasiado, porque ahora podría parecer una buena idea, o algo innovador, pero si más grande el hijo se resiente con su padre por no relacionarlo con chicos “normales”, no me gustaría estar en sus zapatos para dar explicaciones. Yo vivía junto al famoso cotolengo Don Orione, e íbamos con mis viejos los domingos a dar una mano. Eso me sensibilizó muchísimo, pero aún niña, me daba cuenta que a ciertas cosas no podía jugar con ellos, y que ciertas cosas no me comprendían… los nenes saben y se dan cuenta.
Muchas gracias Ulises por tu comentario, y si, es un tema largo de debatir, pero nuestra sociedad (cualquier sociedad) debería hacerlo..
Un abrazo.

LauraGalletita dijo...

Náufrago, gracias por el elogio!

Beso.

Diego F. dijo...

Definitivamente a mayor educación menor xenofobia y racismo. El problema es qué es lo que se enseña. Es decir, si no se explica y analiza por qué una persona deja su hogar para vivir de visitante en otro país (otra cultura), por qué cuando llega a ese otro país (en donde supone vivirá mejor) en general será tildado de "ilegal" (como si existieran seres humanos ilegales) y cuál es el beneficio para un sistema económico de que algunos trabajadores tengan menos derechos que otros, entre otros aspectos, por más educación formal que haya recibido la persona su educación no le será suficiente para dejar de ser xenófobo.

Es curioso como en todos los paises hay siempre un "otro" al que explotar (sean los latinos en EEUU, los árabes en Francia o los bolivianos en Argentina) y todo un aparato cultural orientado a la estigmatización de ese otro, que interpreta a la víctima como victimario ("estos negros nos roban el laburo a los argentinos").

En fin, una de las críticas relevantes a mi entender al sistema educativo es que por ejemplo en las carreras de ingeniería (por citar un ejemplo) lo que se enseña de lo social es prácticamente nulo. Desde ahí podemos entender mejor por qué una persona "educada", universitaria, etc, en estos aspectos es igual de analfabeta que los que supone son no-educados.

Espero que se haya entendido algo, lo escribí medio a las apuradas pero quería responder.

Saludos!

LauraGalletita dijo...

Se entendió perfectamente, y creo que por ahí anda la vuelta de tuerca del asunto este, el aparato que alimenta al monstruo...
Lo triste es que parece ser un monstruo invencible, por lo menos por nosotros ahora.

Besos.

Diego F. dijo...

No se Laura, probablemente su invencibilidad radique en la creencia generalizada (por supuesto alentada) de su invencibilidad. De esa manera se instala la idea de que estamos determinados, que el futuro es inexorablemente como se plantea y que no podemos hacer más que resignarnos y bajar la cabeza. De más está decir que en ese aspecto soy optimista: no creo en el determinismo y sí en el potencial humano (que no es sólo potencial para su autodestrucción, pero no voy ahondar, creo que el espíritu de la idea está).

Abrazo

Ulises dijo...

Respecto a lo que dijiste, a mí sí me gustaría estar en los zapatos del tipo para dar explicaciones.
Qué es la normalidad ? Qué es la inteligencia ?
Él no lo envió a un jardín donde hay gente "anormal", sino que lo envió a un lugar donde, además de semejantes, hay personas diferentes a él.
Y de diversidad se compone el mundo.

LauraGalletita dijo...

Hola, Ulises!
Te respondo algún que otro punto:
La normalidad se refleja en patrones que se repiten. En el caso que habías planteado, el padre de un nene saludable de tres años, mandó a su hijo a una escuela con nenes en su mayoría SD. El síndrome de Down es un problema que se presenta en promedio en uno de cada setecientos nacimientos, por lo tanto el caso que mencionaste no representa algo “normal”, ni de diversidad. En segundo punto, yo planteo que se puede ser abierto sin descuidar el desarrollo intelectual; porque está bien, se puede sensibilizar educando sobre las diferencias, pero propiciando también el correcto desarrollo del intelecto, que en una escuela para chicos especiales, los contenidos, se enseñan en mayor tiempo y tienen menor dificultad en cuanto a la edad de desarrollo intelectual de un niño sano (no sé si se entendió… me enrosqué un poco, pero creo que “andó” :p)
Me desafiás con otra pregunta: qué es la inteligencia? Es la capacidad de aprender, comprender, absorber y utilizar conocimientos correctamente en tiempo y forma necesarios. Esa es más o menos, la definición, pero daría para otro debate.
Bueno, nos fuimos un poco del tema del post, que era la relación (si es que la hay) entre mayor o menor educación y la Xenofobia, pero en ese punto Diego estuvo fenómeno.
Un abrazo.